viernes, 24 de julio de 2009

Serenity Painted Death

No tengo mucho que empezé a escuchar Opeth.

Mi primer "saboreo" a su música fue a través de su trabajo más sereno, adornado de acústicas melodías, conceptos oscuros y una armonía vocal excelsa; Damnation (2003). Y pese a las críticas a su más reciente album, Watershed, y todo el hype revuelto en albums como Blackwater Park o Deliverance. Hasta ayer me di el lujo de adquirir dos: Watershed y Still Life.

Ese disco conceptual, Still Life, no fue difícilmente incluirlo entre mis obras musicales favoritas después de aventarmelo una noche amarga, personalmente. Maneja desde los riffs técnicos más metaleros hasta emocionales pasajes acústicos, la voz limpia; trabajando como una droga a mis oídos, y desgarrando toda mancha de tranquilidad con los rabiosos gruñidos death-metaleros más chingones que cualquier mentada de banda brutal-death metal... Todo esto -hasta la historia- por el señor Mikael Akerfeldt. Aparte de las complementarias, discretas líneas de bajo... teclados adaptados a la ambientación del album y una batería que aniquila al mendigo Mike Portnoy.

Sinceramente no creo que la banda tenga algo más sobresaliente que este album, la mera portada fue suficiente para comprarlo. Romántico, poético, oscuro y sangriento... si este no es su magnum opus, mátenme.

No tengo en mis planes (bueno... no tengo planes) volver este blog un espacio para mis experiencias musicales, pero se reconocer a las bandas magistrales y desear compartirlas a mis lectores (si ha de haber, haha).

1 comentario: